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Disertación (II): el proceso de aprendizaje = ¿la vida?

Sábado, 22 de Mayo de 2010 fernandomgalan Sin comentarios

Lo cierto es que últimamente no soy nada constante en lo que se refiere a mi amado blog; mi válvula de escape, mi forma de gritar al mundo todo aquello que siento o que ronda por mi cabeza. Porque como dice la canción de Jarabe de Palo “y si no te escucho, ¡grita!”; pues bien… esta es mi forma de hacerlo. Cada blog, al igual que la persona que está detrás, es un mundo, el mío no persigue ningún objetivo que no sea el mero intercambio de impresiones, ser mi vía para GRITAR a este mundo loco que nos rodea y, si hay suerte, escuchar lo que el mundo responde. Es difícil encontrar el momento adecuado, pero es que nunca hay tiempo, siempre estamos demasiado ocupados; sin embargo nunca viene mal pararse un momento, desahogarse, coger aire y continuar…

Y es que si de algo me he dado cuenta es que  debemos aprender de todo cuanto nos rodea y nos sucede. Nunca debemos dejar de aprender porque entonces nos estancaremos, nos será imposible corregir nuestros errores, no podremos ser mejores… La vida es nuestro proceso de aprendizaje, que termina, por desgracia, cuando más hemos aprendido.

Desde que llegamos a este mundo aprendemos, ¡y menos mal!. Aunque no soy pedagogo, ni creo que lo sean la mayoría de personas que puedan llegar a leer esto, no es difícil caer en la cuenta. El aprendizaje nos va modelando poco a poco, cambia nuestra conducta, nuestros valores, el conocimiento y también nuestras habilidades y destrezas. Al principio somos un libro en blanco, receptivos, esperando a ser escritos; y lo que se escriba al principio va a ser muy importante para nosotros, ya que lo que se escriba más adelante siempre se verá condicionado por aquello que ya estaba.

Las herramientas más evidentes son la instrucción y el estudio, que utilizan desde la familia hasta la sociedad en la que nos encontramos para ayudarnos en nuestro desarrollo. Mientras que la instrucción es algo externo a nosotros mismos, por decirlo de algún modo, el estudio tiene una faceta más individual y personal. El estudio nos permite adquirir conocimientos de una manera eficaz y rápida, puesto que se nos trasmite el conocimiento que muchos otros han generado a lo largo de la historia. La observación es otra gran herramienta, y me atrevería a decir que la creatividad también tiene un papel importante, que nos permite caminar hacia aspectos aún desconocidos. Pero, desde mi punto de vista, la experiencia es quid de la cuestión.

La magia de la experiencia es que nos es imposible evitarla, podemos ignorarla y no aprovecharla, pero si lo hacemos no dejaremos de aprender. Desde las personas que hemos conocido, a nuestros viajes, nuestros logros y fracasos, nuestros sentimientos, todo, en definitiva, nos han influido de una manera u otra en nuestra vida.

No hace mucho tiempo, en las televisiones españolas había una publicidad que decía:

Tú eres todos los kilómetros que has recorrido. Eres cada una de las personas que has conocido. Tú eres los atardeceres que has visto. Todos los lugares en los que has amanecido. Cada sabor y cada olor, cada alto en el camino. Eres cada huída y cada reencuentro. Todos los mares en los que te has bañado. Todos los caminos que has tomado. Cada cerro, cada valle, cada río. Tú eres lo que has visto y lo que has vivido.”

Las diferentes experiencias nos van cambiando, casi siempre sin darnos cuenta, no volvemos a ser los mismos de antes, ya ves la vida con otros ojos. Por mucho que nos empeñemos en querer evitarlo es así, incluso (o mejor dicho, sobre todo) las malas experiencias nos dan grandes lecciones. Lo que hace que según pasa la vida, a medida que acumulamos experiencia, nuestra percepción del mundo cambie. Porque como señala la sabiduría popular más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Yo, como canta Rosana en su último disco, soy todo lo que viví, y el resto de lo que fui lo aprendí con el tiempo. He tenido la gran fortuna de tener una gran familia y, a pesar de que algunos de sus miembros se hayan ido ya, sus enseñanzas me han sido y siguen siendo de utilidad y me permiten ser la persona que ahora soy; cosa que valoro, aprecio y agradezco. También he tenido la oportunidad de poder viajar bastante y por el camino encontrar personas con las que he podido compartir e intercambiar no sólo impresiones y preocupaciones. Compañeros y amigos que sin saber muy bien cómo entran en tu vida y, a pesar de la distancia, sabes que siempre están ahí, de los que puedes aprender mucho y a los que puedes ayudar a aprender también.

Por todo ello me permito el lujo de dar un consejo: en la vida hay que ir siempre con una mente abierta, con ansia de aprender; apreciar todo lo bueno que suceda y no dejar la oportunidad de aprender también de las cosas malas.

An eternal learner.

De la democracia a la demagogia

Viernes, 28 de Agosto de 2009 fernandomgalan 4 comentarios

Desde un tiempo a esta parte, en mi pueblo, se ha convertido en norma llevar la discrepancia política, por denominarlo de algún modo, a una guerra de panfletos que se reparten entre las casas de los vecinos. Hasta aquí todo más o menos “aceptable”, el problema viene cuando llevamos un verano en el que no hay semana sin una nueva tirada de octavillas, cuando no, notas de prensa a los medios de comunicación, por parte de uno u otro de los dos grandes (únicos) partidos políticos de la localidad.

El problema es que esto ya no versa sobre política municipal, sino más bien de rencillas y enfrentamientos personales, donde el debate político ha dejado paso a descalificaciones y serias acusaciones entre ambos. Los vecinos contemplamos atónitos cómo nuestros representantes se enzarzan en una contienda que parece no tener fin, mientras parece que el gobierno del municipio va a la deriva por la dejadez de ambos. Esa idea utópica llamada democracia donde unos ciudadanos elegían a otros para trabajar conjuntamente por el bien común es tan sólo eso: utópica y, por definición, imposible en esta localidad.

He tenido por costumbre no intervenir en política local, pero la situación generada me hierve la sangre y exaspera los nervios, por ello desde esta tribuna quiero hacer pública una reflexión para los “políticos” de la localidad y demás vecinos.

Me es imposible ya confiar en unos u otros, ya que hace tiempo ambos sobrepasaron la línea de lo democráticamente aceptable. Me duele ver como unos y otros se gastan dinero una y otra vez en editar y repartir esa demagogia barata en los tiempos de crisis en que vivimos, habiendo familias que lo están pasando realmente mal. Y debo confesar que no me siento representado por ninguno de los que se hacen llamar “representantes del pueblo”.

Vista nocturna del Castillo de Coca (Segovia)

Vista nocturna del Castillo de Coca (Segovia)

Por ello les emplazo a que dejen de despreciar la confianza que en su día depositamos los vecinos en ustedes, que estén a la altura de las circunstancias y sean capaces de dejar a un lado rencillas personales cuando se esté hablando de asuntos municipales, mirando por el beneficio de la localidad y no por ustedes o sus respectivos partidos políticos.

Y, por último, humildemente les invito a cesar esta guerra propagandística que no tiene otro efecto que aumentar la crispación; a que si se están produciendo actos ilegítimos en la localidad sean denunciados ante los tribunales, al igual, si lo estiman oportuno, que los insultos y descalificaciones, en virtud del constitucional derecho al honor; y si tienen algo que decir o aclarar a la localidad lo hagan en un debate público, sometiéndose también a las preguntas de aquellos a los que se deben.

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Algo se pudre en Dinamarca…

Miércoles, 26 de Noviembre de 2008 fernandomgalan 2 comentarios

Existe un error que he cometido mil veces en esta vida y aún no he aprendido a corregir:

mi ingenuidad.

Desde pequeñito mi familia me educó en lo que ella entendía más conveniente, entre otras cosas en la premisa de “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, entendida también en el sentido de compórtate hacia con los demás como te gustaría que se comportasen contigo. De ésta enseñanza se deriva una filosofía de vida, a mi entender bastante sensata, pero con ciertas puntos débiles. Uno de ellos, y sobre el que me quiero centrar en esta entrada, es que puedes caer en el error de pensar que todo el mundo sigue dicha filosofía y, por tanto, se van a comportar con el resto del mundo de una manera adecuada y correcta, pero la realidad es bien distinta. De hecho, lo que “está de moda” es preocuparse exclusivamente de lo propio ignorando cualquier agravio que puedas hacer a los demás por el camino.
Vivimos en un tiempo en el que confiar en la buena fe de los demás es suponer demasiado, y a aquellos que “por error” seguimos haciéndolo se nos tacha de ingenuos, con gran parte de razón. La palabra de una persona está totalmente devaluada, oyendo cada vez más eso de “mándamelo por escrito”. Y la honradez y caballerosidad son cualidades totalmente desfasadas. Esta especie de psicosis colectiva en pro del individualismo afecta a toda la sociedad y no vale la desgastada excusa de “estos jóvenes…”.
Esta sinrazón de la que os hablo no sólo se ha apropiado de la gente de a pié, sino también de nuestros gobernantes, políticos y demás representantes. Ya no se intenta beneficiar al colectivo que los han elegido y a los cuales representan, ¡que va!, ahora sólo importa el YO. Y si por el camino para conseguir mis intereses tengo que pasar por encima de la confianza que otros depositaron en mí ¡no importa!, lo que importa es el fin y no los medios.

Como toda regla que se precie tiene sus excepciones, contadas, pero las tiene. Una de ellas, más que una excepción es una variante, que por su complejidad y sinsentido merece la pena mencionar. Se trata de un punto intermedio entre la lucha por los intereses del colectivo y el individualismo, podríamos describirlo cono una buena intención que se quedó por el camino. Es cuando el sujeto no sufre de el mencionado individualismo, pero tampoco le preocupan demasiado los intereses del colectivo, sino que lo que le importa es el colectivo en sí, como ente intangible y no como grupo de personas. Es decir, cuando el sujeto intenta hacer lo mejor por El Colectivo, pero para ello no importe si hay que menoscabar los derechos de las personas que forman parte del mismo.

Yo, por lo menos, no es lo que me esperaba de nuestros gobernantes y representantes, tengo que reconocerlo. Pero, del mismo modo, es preferible este punto intermedio que el individualismo de otros; porque como dice mi abuela “A falta de pan, buenas son tortas“. Y no creo que en ésto sea aplicable el principio aristotélico situando la virtud en el punto medio; la virtud en este caso está cuando el beneficio que se obtiene no es exclusivamente para el individuo ni para el colectivo como ente, sino para los dos. Una democracia es realmente una democracia es cuando se cumplen las reglas del juego, que para algo se hicieron.

La cuestión que me invade ahora es: Si rompemos las reglas del juego… ¿quién debería hacerlas cumplir?

Quod natura non dat, Salmantica non praestat

Lunes, 28 de Enero de 2008 fernandomgalan 3 comentarios
No puedo esconder ni disimular mi aprecio y cariño por la institución universitaria, motor indispensable del avance de nuestra sociedad.

En la universidad se producen las dos bases sólidas sobre las que la sociedad va construyendo su futuro: por un lado, lo que es la esencia de la academia, sus estudiantes, los que deberán tomar las riendas de la sociedad; y por otro, la archiconocida I+D+I (Investigación, Desarrollo e Innovación). Gracias a las universidades avanzamos en conocimientos, y a su vez formamos a personas válidas para nuestra comunidad, de las cuales, algunas de ellas, retroalimentarán a la propia universidad pasando a ser ellos los que formarán a futuras generaciones y avanzarán en esa investigación.

Se trata de una simbiosis perfecta entre la sociedad y la universidad. La sociedad aporta recursos necesarios a las universidades, así como también a los futuros alumnos de éstas; la universidad, por su parte, utiliza estos recursos para formar e imprimir el carácter universitario en aquellos estudiantes que la sociedad le ha confiado y, además, para contribuir en la generación de conocimientos.

En este sentido, se asienta la teoría de que la universidad está al servicio de la sociedad en la que se asienta. Sin duda alguna, y como he argumentado, la sociedad obtiene unos beneficios esenciales para su viabilidad futura como productos de la labor de las universidades, mas no podemos subordinar la institución a la sociedad olvidándonos de la independencia de la universidad. A modo de ejemplo, y dentro del marco del EEES en el que se postula que los nuevos estudios deben tener justificación de su existencia, en el caso de los grados justificación externa a la universidad, desde ciertos puntos de vista se podría entender que actuales titulaciones no tienen razón de ser ya que “no prestan” un servicio concreto a la sociedad o que no tiene definidos sus futuros empleadores (véase Filosofía, Música y gran parte de las artes y humanidades). Si caemos en estar mercantilización de la universidad, que el EEES no promueve pero puede dar pié a que se produzca éste error, cercamos al espíritu universitario impidiendo ese desarrollo e innovación en áreas no “útiles”.

En el otro extremo se encuentra la completa independencia de la universidad, en la que es libre hacer todo cuanto guste sin pararse a considerar las necesidades de la sociedad en la que se encuentra.

De acuerdo con los dos últimos párrafos, y en palabras de Aristóteles, “la virtud es un medio entre dos vicios, que pecan, uno por exceso y otro por defecto“. De ahí que se acuñó la idea de la rendición de cuentas por parte de la universidad a la sociedad. Esto quiere decir que, manteniendo la independencia de la universidad, ésta debe rendir cuentas a la sociedad en la que se encuentra y de la que obtiene los recursos necesarios para su funcionamiento. Como puntualización he decir que de éste concepto nace la Garantía de la Calidad siendo una herramienta más de rendición de cuentas, tanto internamente para la propia institución como externamente para la sociedad.

Pero bajo todos estos conceptos y teorías, en la universidad subyace un proceso formativo complejo que es el responsable de convertir al estudiante en un individuo válido para la sociedad. El carácter universitario difiere de otras formaciones, como la FP, en que el egresado posee los máximos conocimientos que existen en su área y además está capacitado para contribuir a la generación de nuevos conocimientos; es decir, no se le forma para que realice procesos simples con unas entradas y unas salidas constantes, si no para que sepa solucionar problemas no previstos y tenga capacidad para innovar y mejorar.

Muchos de los estudiantes que pasan por las aulas de nuestras universidades no captan esta esencia, sino que acuden a sus clases, en las horas estipuladas, y regresan a sus casas sin establecer mayores contactos con la universidad, a la que ven como mera academia en la que obtener un título. Sin embargo, hay otros que sí aprovechan su paso por la universidad y participan en las actividades que la universidad les ofrece, participando en labores de investigación, de gestión, de formación no relacionada con su titulación, etc (lo que en su día fue la esencia de los créditos de libre elección y que ahora se ha desvirtuado).

Sin embargo, la universidad no es una máquina maravillosa transformadora de personas, sino que más bien es una especie de artesano (quizá demiurgo) que da forma y esculpe al estudiante que ha sido puesto en sus manos. Resulta, por tanto, necesario cierta materia prima, o cierta predisposición a ser esculpido. “Quod natura non dat, Salmantica non praestat“, o lo que viene a ser lo mismo, lo que la naturaleza no da, la universidad (Salamanca en aquél entonces) no presta; y aunque, en principio, hace referencia a la inteligencia, este dicho puede ser extrapolado a otras facetas y características.

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Disertación (I): De las personas que marcan

Miércoles, 23 de Enero de 2008 fernandomgalan 4 comentarios
A lo largo de la vida nos cruzamos con muchas personas; unas simplemente pasan de largo, otras entran a formar parte de nuestras vidas, pero más tarde salen, y otras se quedan para siempre. Pero las que hoy centran mi blog son aquellas que, se queden o no, dejan huella en nosotros.

Desde que nacemos hasta que morimos, dada la naturaleza social del hombre, interactuamos con un incontable número de personas. Desde nuestros compañeros de la escuela hasta los que, cabe la posibilidad, serán nuestros compañeros en los viajes del IMSERSO, es imposible hacernos una idea de las personas que hemos conocido, en distintas ciudades, situaciones y momentos.

De éste inmenso pool unas cuantas pasan a formar parte de nuestro día a día cotidiano, no son aquellas que conocemos una noche de juerga y no volvemos a ver hasta la próxima fiesta, sino con las que, nos guste o no, compartimos parte de nuestra rutina (véase compañeros de trabajo, de piso, de facultad, etc). Este grupo, en cierta medida, nos viene impuesto ya que no somos nosotros quienes elegimos que entren o no en nuestras vidas, por lo que habrá personas que nos resulten más agradables, mientras otras no nos resulten tanto (por decirlo sutilmente).

Como norma general, la familia es uno de los pocos grupos que siempre forman parte de la vida de uno, aunque existen excepciones que confirman la regla. Otro importante grupo de personas que juegan su papel en la vida de toda persona es su circulo de amigos, mas este grupo es sumamente variable, por mucho que les pese a algunos. Los amigos tienen un rol esencial para todos nosotros, a ellos les contamos nuestras alegrías y nuestras penas, con ellos disfrutamos de los placeres de la vida y, a veces, también los momentos más duros, pero pocos son los amigos que permanecen desde la infancia hasta la senectud. En el contexto de la sociedad actual, en el que nacemos en una ciudad, estudiamos en otra, cambiamos incluso de país para trabajar y nos retiramos en otro sitio diferente, es complicado mantener un “amigo de toda la vida“, pero no imposible. Aunque los que hoy en día decimos que “son mis amigos“, por circunstancias de la vida, pierdan el contacto con nosotros, resultarán difíciles de olvidar ya que con ellos habremos vivido momentos muy importantes para nosotros.

Pero el grupo en que da título hoy a mi entrada es el que conforman aquel limitado número de personas que, casi nunca de manera consciente, dejan una pequeña marca en nosotros. Por lo general se pueden contar con los dedos de una mano, como mucho con las dos y si somos realmente afortunados. Es gente que desprende una luz especial, con un carácter, a veces, un tanto excéntrico y una personalidad férrea; personas con un don especial en algún aspecto y que lo mejor que puedes hacer a su lado es absorber, cual esponja, todo cuanto te sea posible.

Esta gente de la que hablo puede transmitir gran sabiduría y ser grandes consejeros, y ahí versa la capacidad de cada uno para valorarlos y atesorarlos para cuando puedan hacer falta. Pero, lo que más llama la atención, es que estas personas son capaces de imprimir a fuego una marca indeleble en tu espíritu; de hacerte llegar, de alguna manera, parte de su experiencia y conocimiento, a modo de legado de incalculable valor.

Lo cierto es que estos individuos no son nada frecuentes y, en ocasiones, pasan desapercibidos, haciendo que la audacia de cada uno juegue un importante papel en descubrirlos y beneficiarse de todo lo que ellos pueden aportar.

Yo he tenido la increíble suerte de haberme cruzado a lo largo de mi corta vida con más de los que, creo, me merezco; pero también puedo sentirme satisfecho de no haber dejado pasar las ocasiones, y haber aprendido de ellos todo cuanto pude. Sin duda alguna, tengo que agradecerles las enseñanzas que de ellos aprendí y que espero poder seguir haciéndolo.

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