Ciudadanos del mañana

Aunque no lo parezca, escribir estas líneas va a ser más duro para mí que su lectura por parte de aquellos a los que hago referencia en ellas. Pero, como me enseñaron una vez, hay veces que es necesario ser sincero, incluso cortante, para remover conciencias y generar movimiento.

Desde hace algún tiempo soy estudiante universitario, estudio medicina en la Universidad de Cantabria; y, por si no tuviera suficiente tarea con eso, también soy representante de estudiantes. Durante mucho tiempo he oído toda clase de cosas sobre la participación de los estudiantes en la vida universitaria, muchas a negativas y algunas positivas; pero un tema que surge con relativa frecuencia es el referente a la participación de los estudiantes en la vida universitaria. “Los mayores” nos reprochan que somos ciudadanos pasivos, que somos minoría los que estamos dispuestos a llegar un poco más allá, que los estudiantes en general sólo queremos un título y que nos dejen tranquilos. Por si no tuvieran suficiente vertiendo estas impresiones, las aliñan con datos tan preocupantes como los índices de participación estudiantil en las elecciones de los representantes o del rector, la participación de la juventud en asociaciones y otros ámbitos relativos a la comunidad, la participación en actividades de extensión universitaria, y un largo etc. Razón no les falta, existe cierta comodidad en gran parte de los estudiantes, con ello no quiero decir que en todos, ¡nada más lejos!; pero no podemos olvidar que los jóvenes somos un reflejo de la sociedad en la que nos encontramos, de lo que vemos y de lo que nos enseñan.

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Disertación (II): el proceso de aprendizaje = ¿la vida?

Lo cierto es que últimamente no soy nada constante en lo que se refiere a mi amado blog; mi válvula de escape, mi forma de gritar al mundo todo aquello que siento o que ronda por mi cabeza. Porque como dice la canción de Jarabe de Palo “y si no te escucho, ¡grita!”; pues bien… esta es mi forma de hacerlo. Cada blog, al igual que la persona que está detrás, es un mundo, el mío no persigue ningún objetivo que no sea el mero intercambio de impresiones, ser mi vía para GRITAR a este mundo loco que nos rodea y, si hay suerte, escuchar lo que el mundo responde. Es difícil encontrar el momento adecuado, pero es que nunca hay tiempo, siempre estamos demasiado ocupados; sin embargo nunca viene mal pararse un momento, desahogarse, coger aire y continuar…

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De la democracia a la demagogia

Desde un tiempo a esta parte, en mi pueblo, se ha convertido en norma llevar la discrepancia política, por denominarlo de algún modo, a una guerra de panfletos que se reparten entre las casas de los vecinos. Hasta aquí todo más o menos “aceptable”, el problema viene cuando llevamos un verano en el que no hay semana sin una nueva tirada de octavillas, cuando no, notas de prensa a los medios de comunicación, por parte de uno u otro de los dos grandes (únicos) partidos políticos de la localidad.

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Algo se pudre en Dinamarca…

Existe un error que he cometido mil veces en esta vida y aún no he aprendido a corregir:

mi ingenuidad.

Desde pequeñito mi familia me educó en lo que ella entendía más conveniente, entre otras cosas en la premisa de “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, entendida también en el sentido de compórtate hacia con los demás como te gustaría que se comportasen contigo. De ésta enseñanza se deriva una filosofía de vida, a mi entender bastante sensata, pero con ciertas puntos débiles. Uno de ellos, y sobre el que me quiero centrar en esta entrada, es que puedes caer en el error de pensar que todo el mundo sigue dicha filosofía y, por tanto, se van a comportar con el resto del mundo de una manera adecuada y correcta, pero la realidad es bien distinta. De hecho, lo que “está de moda” es preocuparse exclusivamente de lo propio ignorando cualquier agravio que puedas hacer a los demás por el camino.

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Quod natura non dat, Salmantica non praestat

No puedo esconder ni disimular mi aprecio y cariño por la institución universitaria, motor indispensable del avance de nuestra sociedad.
En la universidad se producen las dos bases sólidas sobre las que la sociedad va construyendo su futuro: por un lado, lo que es la esencia de la academia, sus estudiantes, los que deberán tomar las riendas de la sociedad; y por otro, la archiconocida I+D+I (Investigación, Desarrollo e Innovación). Gracias a las universidades avanzamos en conocimientos, y a su vez formamos a personas válidas para nuestra comunidad, de las cuales, algunas de ellas, retroalimentarán a la propia universidad pasando a ser ellos los que formarán a futuras generaciones y avanzarán en esa investigación.

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