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Disertación (I): De las personas que marcan

Miércoles, 23 de Enero de 2008
A lo largo de la vida nos cruzamos con muchas personas; unas simplemente pasan de largo, otras entran a formar parte de nuestras vidas, pero más tarde salen, y otras se quedan para siempre. Pero las que hoy centran mi blog son aquellas que, se queden o no, dejan huella en nosotros.

Desde que nacemos hasta que morimos, dada la naturaleza social del hombre, interactuamos con un incontable número de personas. Desde nuestros compañeros de la escuela hasta los que, cabe la posibilidad, serán nuestros compañeros en los viajes del IMSERSO, es imposible hacernos una idea de las personas que hemos conocido, en distintas ciudades, situaciones y momentos.

De éste inmenso pool unas cuantas pasan a formar parte de nuestro día a día cotidiano, no son aquellas que conocemos una noche de juerga y no volvemos a ver hasta la próxima fiesta, sino con las que, nos guste o no, compartimos parte de nuestra rutina (véase compañeros de trabajo, de piso, de facultad, etc). Este grupo, en cierta medida, nos viene impuesto ya que no somos nosotros quienes elegimos que entren o no en nuestras vidas, por lo que habrá personas que nos resulten más agradables, mientras otras no nos resulten tanto (por decirlo sutilmente).

Como norma general, la familia es uno de los pocos grupos que siempre forman parte de la vida de uno, aunque existen excepciones que confirman la regla. Otro importante grupo de personas que juegan su papel en la vida de toda persona es su circulo de amigos, mas este grupo es sumamente variable, por mucho que les pese a algunos. Los amigos tienen un rol esencial para todos nosotros, a ellos les contamos nuestras alegrías y nuestras penas, con ellos disfrutamos de los placeres de la vida y, a veces, también los momentos más duros, pero pocos son los amigos que permanecen desde la infancia hasta la senectud. En el contexto de la sociedad actual, en el que nacemos en una ciudad, estudiamos en otra, cambiamos incluso de país para trabajar y nos retiramos en otro sitio diferente, es complicado mantener un “amigo de toda la vida“, pero no imposible. Aunque los que hoy en día decimos que “son mis amigos“, por circunstancias de la vida, pierdan el contacto con nosotros, resultarán difíciles de olvidar ya que con ellos habremos vivido momentos muy importantes para nosotros.

Pero el grupo en que da título hoy a mi entrada es el que conforman aquel limitado número de personas que, casi nunca de manera consciente, dejan una pequeña marca en nosotros. Por lo general se pueden contar con los dedos de una mano, como mucho con las dos y si somos realmente afortunados. Es gente que desprende una luz especial, con un carácter, a veces, un tanto excéntrico y una personalidad férrea; personas con un don especial en algún aspecto y que lo mejor que puedes hacer a su lado es absorber, cual esponja, todo cuanto te sea posible.

Esta gente de la que hablo puede transmitir gran sabiduría y ser grandes consejeros, y ahí versa la capacidad de cada uno para valorarlos y atesorarlos para cuando puedan hacer falta. Pero, lo que más llama la atención, es que estas personas son capaces de imprimir a fuego una marca indeleble en tu espíritu; de hacerte llegar, de alguna manera, parte de su experiencia y conocimiento, a modo de legado de incalculable valor.

Lo cierto es que estos individuos no son nada frecuentes y, en ocasiones, pasan desapercibidos, haciendo que la audacia de cada uno juegue un importante papel en descubrirlos y beneficiarse de todo lo que ellos pueden aportar.

Yo he tenido la increíble suerte de haberme cruzado a lo largo de mi corta vida con más de los que, creo, me merezco; pero también puedo sentirme satisfecho de no haber dejado pasar las ocasiones, y haber aprendido de ellos todo cuanto pude. Sin duda alguna, tengo que agradecerles las enseñanzas que de ellos aprendí y que espero poder seguir haciéndolo.

fernandomgalan Reflexiones ,