Bienvenidos a mi humilde web, que pretende ser un espacio para la reflexión sobre todo aquello que acontece en este pequeño mundo que nos rodea.

Seguramente no compartamos opiniones o puntos de vista, mas espero que aunque no siempre esté en lo cierto, al menos, podamos juntos reflexionar sobre algunos temas de interés.

Un saludo a todos,

Fernando.
"Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos." José Ortega y Gasset

9M; Capítulo 1: “de la conferencia episcopal”

Domingo, 3 de Febrero de 2008 fernandomgalan 1 comentario
La extralimitación de las funciones de cada uno está ahora de moda y la conferencia episcopal se sube al carro de la pre-campaña electoral. Parece ser que a los obispos españoles les preocupa más la res pública que sus parroquias.

Aunque este es un blog para la reflexión, cosa que ha de hacerse más que nunca ante cualquier tipo de elección, no tenía pensado entrar al trapo de las elecciones del 9 de marzo, pero, viendo como se están poniendo de interesantes las cosas, no puedo desaprovechar la ocasión de hacer crítica constructiva de lo que sucede, aunque sólo sea para que nos paremos a pensar un poco (que nunca viene mal).

Antes de comenzar me gustaría aclarar alguna cosilla. Espero poder poner pronto una “declaración de intenciones” para definir algunas de las normas que intento seguir en mi blog, es decir, lo que llaman en periodismo el libro de estilo de mi blog, pero mientras tanto os adelanto lo que pueda estar relacionado con esta entrada.

  • Me gusta la política, entendida como el arte, doctrina u opinión del ciudadano referente a los asuntos públicos, pero rechazo el partidismo, como sometimiento a las opiniones de un partido con preferencia a los intereses generales. Tengo mis opiniones políticas, algunas de las cuales están en concordancia con las de un partido y otras con las de otros, éste es el motivo fundamental por el que rechazo, por el momento, cualquier tipo de afiliación política. Por ello intento ser siempre lo más apartidista posible, pero siempre defendiendo mis ideas, por lo que algunas personas malpensadas intentan siempre meterme en un saco u otro.
  • También quiero aclarar que soy católico semi-practicante, pero no estoy de acuerdo con unas cuantas cosas de la Iglesia, más aún en esta involución del Concilio Vaticano II que parece que estamos viviendo.

Una vez hechas estas aclaraciones, podemos empezar…

Aunque la actitud de los obispos durante la última legislatura ha sido bastante cuestionable, podríamos “entender” que se mostraran en desacuerdo con ciertas leyes que chocaban con parte de su doctrina (aclaración: la de los obispos, no la católica), podríamos “aceptar” que desde el púlpito rechazaran algunas acciones del gobierno e, incluso, podríamos “dejarlo pasar” ante sus manifestaciones (algunas supuestamente “a favor” de la familia, pero en contra de los derechos de muchos ciudadanos). No estaba en absoluto de acuerdo con esa actitud de los obispos españoles, pero lo dejaba pasar diciéndome que formaban parte del sector más conservador de la Iglesia española, que su avanzada edad les daba una mentalidad un tanto anticuada. Pero la actitud que han tomado de cara a las elecciones generales es absolutamente reprobable, incluso un insulto a la inteligencia de todos los fieles de nuestro país. Nunca me he callado con la actitud de estos señores que se alzan como representantes de los cristianos, cuando sólo representan a la minoría más retrógrada de la Iglesia, pero sus últimas declaraciones públicas son para alzar la voz y hacerse oír lo más posible pidiéndoles que no se extralimiten en sus funciones, y que respeten la inteligencia de los ciudadanos españoles, no entremetiéndose en su derecho a la LIBRE elección del voto.

Las primeras palabras que abren el debate sobre la intromisión de la jerarquía eclesiástica en la política se encuentran precisamente en los Evangelios. Algunos interpretan las palabras de Jesús “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios (Mt. 22, 15-21)” como defensa del laicismo de la vida pública, aunque los Obispos hacen una interpretación totalmente distinta (¿cómo no?).

Por otra parte, parece ser que las ideas de Ockham (s. XIII) sobre la separación Iglesia-Estado no terminan de entenderse 800 años más tarde. Este pensador, que fue acusado de herejía y excomulgado, defendía la separación entre lo espiritual y lo terrenal como herramienta para salvaguardar la espiritualidad de la comunidad. Según este fraile franciscano, el Papa sería sólo un moderador en el terreno espiritual, no teniendo poder terrenal sino estando al servicio de los fieles. Esta concepción laica de la sociedad fue perseguida por los prelados de la época, aunque parece ser que los actuales siguen obcecados en lo mismo. Aquí es cuando me pregunto… ¿historia vitae magistra est? como dijo Cicerón, si la historia es maestra de la vida… yo sé de algunos que se saltaron varias lecciones.

Para terminar, en el artículo 16 de la Constitución española de 1978 se recoge la separación entre la Iglesia y el Estado español.

Por todo ello, ruego a los Ilmos. y Rvdmos. Señores Obispos que se abstengan de hacer cualquier tipo de manifestación o declaración pública sobre el voto que han de decidir los españoles en las elecciones del 9 de marzo, y mucho menos a favor de partidos políticos concretos. Limítense a preocuparse por la espiritualidad de los fieles que tienen a su cargo, que no es poco trabajo.

Ite, Missa est.

Manel Fontdevila, viñeta del diario “Público” (2/2/08)

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Quod natura non dat, Salmantica non praestat

Lunes, 28 de Enero de 2008 fernandomgalan 3 comentarios
No puedo esconder ni disimular mi aprecio y cariño por la institución universitaria, motor indispensable del avance de nuestra sociedad.

En la universidad se producen las dos bases sólidas sobre las que la sociedad va construyendo su futuro: por un lado, lo que es la esencia de la academia, sus estudiantes, los que deberán tomar las riendas de la sociedad; y por otro, la archiconocida I+D+I (Investigación, Desarrollo e Innovación). Gracias a las universidades avanzamos en conocimientos, y a su vez formamos a personas válidas para nuestra comunidad, de las cuales, algunas de ellas, retroalimentarán a la propia universidad pasando a ser ellos los que formarán a futuras generaciones y avanzarán en esa investigación.

Se trata de una simbiosis perfecta entre la sociedad y la universidad. La sociedad aporta recursos necesarios a las universidades, así como también a los futuros alumnos de éstas; la universidad, por su parte, utiliza estos recursos para formar e imprimir el carácter universitario en aquellos estudiantes que la sociedad le ha confiado y, además, para contribuir en la generación de conocimientos.

En este sentido, se asienta la teoría de que la universidad está al servicio de la sociedad en la que se asienta. Sin duda alguna, y como he argumentado, la sociedad obtiene unos beneficios esenciales para su viabilidad futura como productos de la labor de las universidades, mas no podemos subordinar la institución a la sociedad olvidándonos de la independencia de la universidad. A modo de ejemplo, y dentro del marco del EEES en el que se postula que los nuevos estudios deben tener justificación de su existencia, en el caso de los grados justificación externa a la universidad, desde ciertos puntos de vista se podría entender que actuales titulaciones no tienen razón de ser ya que “no prestan” un servicio concreto a la sociedad o que no tiene definidos sus futuros empleadores (véase Filosofía, Música y gran parte de las artes y humanidades). Si caemos en estar mercantilización de la universidad, que el EEES no promueve pero puede dar pié a que se produzca éste error, cercamos al espíritu universitario impidiendo ese desarrollo e innovación en áreas no “útiles”.

En el otro extremo se encuentra la completa independencia de la universidad, en la que es libre hacer todo cuanto guste sin pararse a considerar las necesidades de la sociedad en la que se encuentra.

De acuerdo con los dos últimos párrafos, y en palabras de Aristóteles, “la virtud es un medio entre dos vicios, que pecan, uno por exceso y otro por defecto“. De ahí que se acuñó la idea de la rendición de cuentas por parte de la universidad a la sociedad. Esto quiere decir que, manteniendo la independencia de la universidad, ésta debe rendir cuentas a la sociedad en la que se encuentra y de la que obtiene los recursos necesarios para su funcionamiento. Como puntualización he decir que de éste concepto nace la Garantía de la Calidad siendo una herramienta más de rendición de cuentas, tanto internamente para la propia institución como externamente para la sociedad.

Pero bajo todos estos conceptos y teorías, en la universidad subyace un proceso formativo complejo que es el responsable de convertir al estudiante en un individuo válido para la sociedad. El carácter universitario difiere de otras formaciones, como la FP, en que el egresado posee los máximos conocimientos que existen en su área y además está capacitado para contribuir a la generación de nuevos conocimientos; es decir, no se le forma para que realice procesos simples con unas entradas y unas salidas constantes, si no para que sepa solucionar problemas no previstos y tenga capacidad para innovar y mejorar.

Muchos de los estudiantes que pasan por las aulas de nuestras universidades no captan esta esencia, sino que acuden a sus clases, en las horas estipuladas, y regresan a sus casas sin establecer mayores contactos con la universidad, a la que ven como mera academia en la que obtener un título. Sin embargo, hay otros que sí aprovechan su paso por la universidad y participan en las actividades que la universidad les ofrece, participando en labores de investigación, de gestión, de formación no relacionada con su titulación, etc (lo que en su día fue la esencia de los créditos de libre elección y que ahora se ha desvirtuado).

Sin embargo, la universidad no es una máquina maravillosa transformadora de personas, sino que más bien es una especie de artesano (quizá demiurgo) que da forma y esculpe al estudiante que ha sido puesto en sus manos. Resulta, por tanto, necesario cierta materia prima, o cierta predisposición a ser esculpido. “Quod natura non dat, Salmantica non praestat“, o lo que viene a ser lo mismo, lo que la naturaleza no da, la universidad (Salamanca en aquél entonces) no presta; y aunque, en principio, hace referencia a la inteligencia, este dicho puede ser extrapolado a otras facetas y características.

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Disertación (I): De las personas que marcan

Miércoles, 23 de Enero de 2008 fernandomgalan 4 comentarios
A lo largo de la vida nos cruzamos con muchas personas; unas simplemente pasan de largo, otras entran a formar parte de nuestras vidas, pero más tarde salen, y otras se quedan para siempre. Pero las que hoy centran mi blog son aquellas que, se queden o no, dejan huella en nosotros.

Desde que nacemos hasta que morimos, dada la naturaleza social del hombre, interactuamos con un incontable número de personas. Desde nuestros compañeros de la escuela hasta los que, cabe la posibilidad, serán nuestros compañeros en los viajes del IMSERSO, es imposible hacernos una idea de las personas que hemos conocido, en distintas ciudades, situaciones y momentos.

De éste inmenso pool unas cuantas pasan a formar parte de nuestro día a día cotidiano, no son aquellas que conocemos una noche de juerga y no volvemos a ver hasta la próxima fiesta, sino con las que, nos guste o no, compartimos parte de nuestra rutina (véase compañeros de trabajo, de piso, de facultad, etc). Este grupo, en cierta medida, nos viene impuesto ya que no somos nosotros quienes elegimos que entren o no en nuestras vidas, por lo que habrá personas que nos resulten más agradables, mientras otras no nos resulten tanto (por decirlo sutilmente).

Como norma general, la familia es uno de los pocos grupos que siempre forman parte de la vida de uno, aunque existen excepciones que confirman la regla. Otro importante grupo de personas que juegan su papel en la vida de toda persona es su circulo de amigos, mas este grupo es sumamente variable, por mucho que les pese a algunos. Los amigos tienen un rol esencial para todos nosotros, a ellos les contamos nuestras alegrías y nuestras penas, con ellos disfrutamos de los placeres de la vida y, a veces, también los momentos más duros, pero pocos son los amigos que permanecen desde la infancia hasta la senectud. En el contexto de la sociedad actual, en el que nacemos en una ciudad, estudiamos en otra, cambiamos incluso de país para trabajar y nos retiramos en otro sitio diferente, es complicado mantener un “amigo de toda la vida“, pero no imposible. Aunque los que hoy en día decimos que “son mis amigos“, por circunstancias de la vida, pierdan el contacto con nosotros, resultarán difíciles de olvidar ya que con ellos habremos vivido momentos muy importantes para nosotros.

Pero el grupo en que da título hoy a mi entrada es el que conforman aquel limitado número de personas que, casi nunca de manera consciente, dejan una pequeña marca en nosotros. Por lo general se pueden contar con los dedos de una mano, como mucho con las dos y si somos realmente afortunados. Es gente que desprende una luz especial, con un carácter, a veces, un tanto excéntrico y una personalidad férrea; personas con un don especial en algún aspecto y que lo mejor que puedes hacer a su lado es absorber, cual esponja, todo cuanto te sea posible.

Esta gente de la que hablo puede transmitir gran sabiduría y ser grandes consejeros, y ahí versa la capacidad de cada uno para valorarlos y atesorarlos para cuando puedan hacer falta. Pero, lo que más llama la atención, es que estas personas son capaces de imprimir a fuego una marca indeleble en tu espíritu; de hacerte llegar, de alguna manera, parte de su experiencia y conocimiento, a modo de legado de incalculable valor.

Lo cierto es que estos individuos no son nada frecuentes y, en ocasiones, pasan desapercibidos, haciendo que la audacia de cada uno juegue un importante papel en descubrirlos y beneficiarse de todo lo que ellos pueden aportar.

Yo he tenido la increíble suerte de haberme cruzado a lo largo de mi corta vida con más de los que, creo, me merezco; pero también puedo sentirme satisfecho de no haber dejado pasar las ocasiones, y haber aprendido de ellos todo cuanto pude. Sin duda alguna, tengo que agradecerles las enseñanzas que de ellos aprendí y que espero poder seguir haciéndolo.

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Una nueva etapa de Calidad

Lunes, 21 de Enero de 2008 fernandomgalan 1 comentario
Bien por imposición europea o bien por propio deseo de mejora, el sistema universitario español está haciendo una clara apuesta por la participación de estudiantes en los Sistemas de Garantía de la Calidad.

Podríamos establecer en la reunión de ministros responsables de la educación superior de Bergen en 2005, dentro del marco de reuniones bianuales del Proceso Bolonia, como el verdadero pistoletazo de salida de una nueva etapa en la gestión de los Sistemas de Garantía de la Calidad. Aunque en España ya existía la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) y con anterioridad el Consejo de Coordinación Universitaria se había encargado de la Calidad en la Educación Superior, no es hasta que nos metemos de lleno en el proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) cuando se produce este gran avance.

A raíz del proceso de construcción del EEES, el rol del estudiante en el sistema universitario sufre un gran cambio, pasando de ser un mero cliente/usuario de las universidades a convertirse en agente implicado de éstas. Como consecuencia inmediata de éste cambio del papel que juega el estudiante en la Educación Superior, se había establecido que los estudiantes debíamos participar en los Sistemas de Garantía de la Calidad, tanto internos como externos, pero en nuestro país aún no se estaba dispuesto a dar este paso, no muy bien visto por algunos de los sectores más tradicionalistas del sistema universitario español.

Un hito en todo este cambio, dentro del marco de la calidad, es la publicación del documento Criterios y Directrices para la Garantía de la Calidad en el Espacio Europeo de Educación Superior por parte de ENQA (la Asociación Europea para la Garantía de la Calidad de la Educación Superior), siendo este documento hecho suyo por los ministros en la reunión de Bergen’05 que mencioné anteriormente. Este documento aporta un marco de referencia para los Sistemas de Garantía de Calidad y en él se recoge la participación de los estudiantes en las políticas de calidad. A partir de aquí es cuando en España nos ponemos las pilas y comenzamos a trabajar en este aspecto.

ANECA tuvo contactos previos con estudiantes, como su IV Foro ANECA, pero no es hasta 2006 cuando toma la iniciativa y crea el Grupo ANECA de Trabajo sobre Participación de Estudiantes en Políticas de Calidad (GATPEPC), en el que participé. Los objetivos del grupo eran el análisis de los referentes europeos, el análisis de la situación actual en España y la proposición de modelos adecuados al contexto español. Desde entonces ANECA ha hecho esfuerzos, más o menos continuados, por alcanzar ese objetivo que nos fijamos hace ya casi dos años, fruto de ello es, sin duda, la evaluación positiva que obtuvo por parte de ENQA.

En este curso académico los objetivos fruto del trabajo de aquel grupo inicial están empezando a materializarse. A finales del 2007 hubo, por primera vez en España, estudiantes que participamos como observadores de los comités externos de un programa oficial, y en este año que comenzamos estamos participando como miembros de pleno derecho.

Tengo que reconocer que en estos años se ha hecho, por parte de todos, un gran esfuerzo y en un periodo de tiempo relativamente corto. Pero también hay que reconocer que el empeño de algunos estudiantes ha permitido alcanzar estos objetivos con ciertas garantías, valga la redundancia. Aún queda parte del camino por recorrer, niveles de participación por alcanzar, pero como se suele decir “Roma no se hizo en dos días“.

Días negros para la representación estudiantil

Sábado, 19 de Enero de 2008 fernandomgalan 1 comentario
Desde que ha comenzado el curso académico 07/08, la representación estudiantil de la Universidad de Cantabria está viviendo alguna de las etapas más duras y oscuras de su historia.

No puedo más que apenarme al ver como en el seno de nuestra universidad se acontecen luchas y disputas inútiles entre los representantes de estudiantes de la UC, olvidando, cosa que jamás debieron hacer, que por encima de todo son compañeros.

Más allá de lo que muchos puedan pensar, yo siempre he luchado por consolidar y mejorar la representación estudiantil tanto dentro de la Universidad de Cantabria como a nivel nacional, y jamás he pretendido, ni pretenderé nunca, perjudicar a todos aquellos que luchan por los derechos e intereses de los estudiantes. Por ello, me llena de tristeza contemplar escenas como las que se vivieron en la Asamblea del Consejo de Estudiantes de la UC, en la que los representantes dicotomizados entraron en una dinámica de insultos y amenazas que sólo consigue debilitar el frágil pilar que sostiene la representación estudiantil.

Si echásemos la vista atrás, viéramos el duro camino que otros han tenido que realizar para conseguir que la representación estudiantil se encuentre en el nivel que está ahora y fuésemos conscientes de lo mucho que nos queda por alcanzar, no creo que llegásemos a tales cotas de lucha interna. Si hoy podemos sentirnos orgullosos de estar regulados por unos Reglamentos, de que vaya aumentando la participación en las elecciones, de alcanzar cada vez más peso y más consideración en el sistema universitario es gracias al esfuerzo y el trabajo de los que nos precedieron. A mi entender, generar y continuar estas divisiones es una manera de menospreciar la labor de todos aquellos que creen en la representación estudiantil.

Los problemas no son nuevos, llevamos ya unos años con este enfrentamiento entre dos sectores del CEUC, pero me atrevo a decir que estos problemas sí que han aumentado, fundamentalmente, en lo que llevamos de curso académico. Para mí, el principal problema, y del que han derivado todos los demás, fue el de las Elecciones a Representantes de Estudiantes de este curso, que adolecieron de falta de organización, injerencia e incumplimiento del reglamento regulador. A partir de aquí, lo que en su tiempo fue un no tan gran problema relativamente fácil de solucionar, ha seguido creciendo cada vez más sin que nadie haya intentado frenarlo; así pues, a semejanza de la pequeña bola de nieve que conforme rueda montaña abajo aumenta su tamaño y su peligrosidad, este cúmulo de problemas y enfrentamientos crece cada día más proyectando su oscura sombre sobre la que en su día fue la elogiada representación estudiantil de la UC.

Conforme aumentan los problemas ambos sectores del CEUC se alejan cada vez más y más, llegando a no conseguir ni acordar un reparto de presupuestos, ya que lo que en un principio pretendió ser una llamada de atención de unos fue tomado por ofensa personal por otros. Estamos llegando a extremos donde ya no somos capaces de llegar a acordar unos mínimos y sólo buscamos el modo de atacar o boicotear a “los otros”.

No quiero ser catastrofista, pero si gente adulta como somos los representantes de estudiantes de la universidad no podemos dejar a un lado las diferencias, que nunca debieron entrar en juego dentro del contexto universitario, no auguro un buen futuro a la representación estudiantil.

Por favor, os pido a todos cuantos os lleguen estas palabras, parémonos a pensar sobre lo que estamos haciendo y si realmente merece la pena esta lucha inútil. ¿Por qué no nos unimos y trabajamos juntos por el bien de nuestros representados?, que, al fin y al cabo, es la responsabilidad que hemos adquirido con nuestros cargos. ¿Qué nos cuesta caminar juntos hacia una representación estudiantil más fuerte y reconocida?, que, sin duda alguna, ha sido el sueño de muchos de los que nos han precedido.

Hagamos una pequeña labor de introspección y busquemos las razones que nos separan; estoy totalmente seguro de que no son ni un tercio de las que nos unen. Entonces, enterremos el hacha de guerra para que en un futuro, cuando seamos titulados por nuestra alma mater, la Universidad de Cantabria, y hagamos una valoración de nuestro paso por la universidad, podamos sentirnos orgullosos de todo cuanto hicimos.