Overview of my ERASNUS experience (part II)

El policlínico

El policlínico es la Facultad-Hospital de la Universidad degli Studi di Bari, según dicen con bastante buena fama, la cual yo no supe vislumbrar, parece ser. Vamos… ni yo ni ninguno del resto de Erasmus españoles. Al llegar a la Piaza Giulio Cesare te encuentras la gigantesca puerta principal de un recinto bordeado por un muro, que aloja en su interior un número, aún desconocido por mí, de edificios que en su conjunto conforman el Policlínico de Bari. De hecho, una de las primeras cosas que hice al llegar allí fue dirigirme a la oficina de atención al público para pedirles un mapa del dichoso policlínico. Ahora ya podía ubicarme, e incluso saber el nombre de los edificios, otro tema era saber donde se encontraban los profesores responsables de cada una de las asignaturas que tenía.

Lo primero que tuve que hacer fue dar con mi coordinador, el cual no tenía un horario fijo y definido sino que “solía” pasarse por allí, por lo que nos tocaba lidiar con su secretaria. Tras innumerables visitas a su despacho un día dimos con él y completamos con su firma el documento que daba inicio oficial a la parte académica de nuestro Erasmus.

Dedicarle más tiempo a la parte académica no merece la pena. Increíbles búsquedas infructuosas para dar con los profesores de las asignaturas y saber los temarios para los exámenes. Documentos de reserva de exámenes que tenías que llevar una semana antes, el formulario cat.100 para poner la nota, además del libretto y de verbalizar el examen (firmar una especie de acta donde constaba la comisión que te había examinado, las preguntas que te habían hecho y la nota obtenida) son algunas de las cosas que más quebraderos de cabeza nos trajo. De la calidad de la enseñanza… pues dependía completamente de la buena voluntad del profesor en cuestión y tu disposición por aprender; pero desde luego yo los haría pasar por una evaluación institucional internacional de acuerdo a los estándares europeos… a ver qué pasaba.

Il palazzo di Rita

Sin duda alguna uno de los mejores aspectos de mi experiencia Erasmus. Os cuento… mi casera, o mejor dicho su madre, era la propietaria de toda la mitad derecha de mi edificio y de la mitad izquierda su sobrino; en la parte izquierda habitaban familias italianas, mientras que en la derecha éramos todos estudiantes Erasmus españoles y polacos.

Si os acordáis… os comenté que el edificio (palazzo, en italiano) asustaba bastante a primera vista: descuidado, con el portal viejo y siempre abierto, custodiado por niños endemoniados que te enredaban un balonazo en cuanto te descuidabas un momento… Pero los apartamentos eran bastante decentes y acogedores, dependiendo del esmero de los inquilinos.

A pesar de todo el verdadero tesoro del edificio fue la gente que en él ha habitado, bien de manera continuada bien por unos pocos días. Gente muy variopinta y diversa que hicieron de nuestros encuentros ricos intercambios de ideas e impresiones. Una gran familia, en el sentido amplio de la palabra, con sus cosas buenas y sus cosas malas; unos más cercanos que otros, más o menos afines y con más o menos cosas en común.

Bari, París pero sin mar 😛

Hay un dicho barese que dice algo así como “Si París tuviese mar, sería una pequeña Bari”. Aunque algunos de mis compañeros puedan opinar diferente yo siempre diré que Bari es una ciudad con encanto, por supuesto no es Roma ni Florencia, pero es una ciudad vivible y bonita si aprendes a apreciarla.

Los mejores momentos: el atardecer en el paseo marítimo, los helados en Corso Cavour, las terrazas de Vittorio Emanuelle, la noche en Bari Vecchia (el casco viejo) paseando sobre la muralla o en la Piazza del Ferrarese, ir de comprar por Via Sparano, las mañanas de la Piazza Garibaldi, y tantos otros… Desde luego lo que no puedes pretender es vivir Bari “a la española”, tienes que cambiar el chip y disfrutar (godere) la ciudad, y cuanto antes lo hagas, mejor.

He pasado muy buenos momentos en Bari, momentos inolvidables, que harán que siempre tenga un huequecito en mi memoria, haciéndome esbozar una sonrisa cuando algo me la recuerde.

Los viajes…

Algo inherente a la condición de Erasmus es viajar… no sólo entre tu casa y tu “otra” casa, sino también las escapaditas de rigor.

En general puedo decir que en este aspecto tampoco he perdido el tiempo y aunque no he viajado tanto como me hubiese gustado, tampoco se me ha dado mal. Aunque mi intención era dedicarme a conocer Italia, ya que era la primera vez que iba, también he hecho alguno internacional que otro.

A nivel alrededores de Bari, y dignos de mencionar, conocí Lecce, Matera, Polignano a Mare, Monopoli, Alberobello, Castel del Monte, Bisciegle, Barlleta, Trani y Giovinazzo. En Italia fui a la costa Amalfitana, Sorrento, Positano, Pompeya, Nápoles, Módena, Rávena, Bolonia, Florencia, Pisa, Venecia, Milán y Turín (Roma queda como asignatura pendiente porque merece la pena). Y como escapadas internacionales: Malta, Croacia, Bulgaria, Alemania y Francia (aunque estos dos últimos fueron bastante improvisados).

Las visitas recibidas también estuvieron llenas de buenos momentos a pesar de que nos tuvimos que apretar para entrar todos en mi loft, en unas ocasiones más que en otras. Me hubiese gustado haber tenido más visitas, pero como siempre el tiempo y el dinero han sido factores condicionantes.

Anécdotas… muchas y más. Y es que he sufrido el temporal de nieve de las Navidades, quedándome tirado en Bérgamo sin atención alguna por parte de la compañía aérea (Ryanair) y con el aeropuerto cerrado y bloqueado; la nube de cenizas del volcán islandés, que me canceló dos vuelos; y la huelga oficiosa de los controladores aéreos, que hizo retrasar, aún más mi vuelta a casa. Mención aparte merecen los dos cambios que tuve que hacer del vuelo de regreso y el envío de maletas por mensajería para mi vuelta; con un considerable gasto como consecuencia y que no estaba previsto.

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