El EEES, ¿una mejora de la educación universitaria?

Enredando por mi ordenador he descubierto un texto que escribí ya hace más de un año, pero que nunca llegué a publicar. Releyendo me he dado cuenta de que muchas cosas aún están de actualidad… y es que parece ser que no hacemos tan rápido las cosas como deberíamos. Por eso he decidido colgarlo en mi blog, para que nos pueda servir de reflexión.

“El espacio Europeo de Educación Superior”, sin duda alguna éste es el tema del que más se ha oído en los últimos años en las Universidades españolas. Y es que la firma del tratado de Bolonia en 1999 fue un revulsivo del sistema universitario, que se veía avocado a afrontar un ambicioso cambio, mucho mayor en el caso del sistema universitario español. Un cambio, en esencia simple, pero que suponía un gran esfuerzo y voluntad por parte de todos los stakeholders.

Desde un principio se nos dijo que el “Proceso Bolonia”, “Plan Bolonia” o simplemente “Bolonia”,  como algunos han decidido llamarlo, postulaba, como parte fundamental del proceso, el cambio de rol del estudiante. Y para ser sinceros, yo me lo creí. Más allá de otros objetivos concretos o generales, como pudieran ser el aumento de la competitividad del sistema universitario europeo frente al americano o al asiático, la piedra angular que sustenta los cambios que se pretenden es poner al estudiante como parte central de su formación. Si partimos de esa premisa, el resto es relativamente sencillo de entender, el problema se da cuando dejamos a un lado lo fundamental y nos centramos en cumplir la norma, olvidándonos por completo de aquello que inspiró esa norma, no sólo pervirtiendo el espíritu y la filosofía de Bolonia, sino también retrocediendo, en lugar de avanzando, en la mejora de nuestras universidades.

Ahora bien, tampoco podemos perder de vista los seis grandes objetivos: el reconocimiento de cualificaciones; la estructura de titulaciones; el sistema europeo de transferencia créditos; los programas de movilidad; la garantía de calidad; y el aprendizaje permanente. Pero si nos detenemos un momento en releer estos seis puntos, enseguida nos damos cuenta que absolutamente todos afectan al paso del estudiante por la Institución de Educación Superior.

El estudiante, uno que pasaba por aquí

Como dije al principio, el proceso de cambio supone un gran esfuerzo por parte de todos los agentes implicados, porque todos y cada uno de ellos tienen y deben aportar su punto de vista para llevar a buen puerto esta reforma universitaria, además de sentirse corresponsables de su implementación e involucrados en su mejora.

Uno de los grandes problemas que, desde mi punto de vista, está teniendo este proceso es que no existe realmente un verdadero reconocimiento de los estudiantes como stakeholder de las universidades. Bien es cierto que no en todas las universidades la situación es igual, ni en todos los niveles, pero sí es cierto que un número considerable de profesores, responsables académicos, administraciones, etc. siguen viendo al estudiante como una persona que está “de paso” por la universidad y, por lo tanto, no tiene que participar en el gobierno de ésta.

En general, a todos se nos llena la boca repitiendo una y otra vez que el EEES supone un cambio del rol del estudiante, el cual pasa de ser prácticamente un mero cliente-usuario de la educación superior a que se le reconozca como parte de las Universidades y sea responsable de su proceso formativo. Pero realmente pocos interiorizan y se creen esta premisa que queda tan sumamente bien diciéndola en un foro en el que estemos presentes los estudiantes, como si se tratase de una campaña electoral. Lo cierto es que, al tratarse de algo que proviene de Europa, no nos queda más remedio que asumir e implementar, pero cuando observamos detenidamente esa implementación es cuando podemos discernir perfectamente entre quien lo hace por imposición y quien porque realmente piensa que dicha premisa es cierta.

Ya desde la Conferencia Ministerial Bianual de Praga, en 2001, en la declaración se reconoce que los estudiantes somos miembros de pleno derecho de la comunidad universitaria y que como sujetos copartícipes constructivos, activos y competentes en el establecimiento y construcción del EEES nuestra participación es necesaria y bienvenida. Los ministros también afirmaron que los estudiantes debemos participar e influir en la organización y contenido de la educación en las universidades.

Bien es cierto que los estudiantes tenemos una característica de temporalidad en nuestro paso por la universidad, pero el estudiantado como entidad permanece y la ciclicidad que nos caracteriza, lejos de ser algo negativo, pasa a ser un aspecto positivo de regeneración y renovación. Todo ello, además del papel como receptores en primera instancia de la labor educativa y formativa de la universidad, nos permite aportar un punto de vista diferente y enriquecedor de la institución, que supone un valor añadido para el gobierno de éstas.

A pesar de todo, aún queda por realizar un esfuerzo importante para que se generalice el reconocimiento de los estudiantes como stakeholder y del beneficio para las instituciones de educación superior consecuente de incorporar este punto de vista.

¿Un estudiante participando?

La participación estudiantil en las instituciones de educación superior no se limita, ni debe hacerlo, exclusivamente a la planificación y desarrollo de actividades extraacadémicas o de extensión universitaria. Nada más lejos.

A lo largo de las Declaraciones Ministeriales de las Conferencias Bianuales del Proceso Bolonia (Praga 2001, Berlin 2003, Bergen 2005 y Londres 2007) es una constante el reconocimiento de la necesidad y del beneficio que supone la participación de los estudiantes. Esta participación debe realizarse a todos los niveles para que realmente puedan observarse todos los beneficios que ella conlleva, un ejemplo claro es el reconocimiento de ESU (antes ESIB) -European Students’ Union-, en la Declaración de Praga, como socio de confianza en la evaluación del progreso en la implantación de la reforma.

La participación de los estudiantes también abarca el campo del aseguramiento o garantía de la calidad. La Conferencia Ministerial Bianual de Bergen, en 2005, hizo suyo el documento “Standards and Guidelines for Quality Assurance in the European Higher Education Area” elaborado por ENQA; reconociendo, en esta misma línea, la necesidad de contar con los estudiantes en estos sistemas de garantía de la calidad. Así mismo, en un documento resultante del segundo European Forum for Quality Assurance celebrado en 2007 por EUA, ENQA, EURASHE y ESU; recoge la necesidad de contar con la visión de los estudiantes y justifica su participación en evaluación de la calidad por la utilidad resultante de su aportación.

Pero la realidad es un tanto diferente, ya que según constató el informe Bolonia With Student Eyes 2007 (ESU, 2007, p. 23-30), la participación estudiantil no es la ideal en todos los países, ni dentro de cada uno de ellos en todos los niveles (nacional o dentro de las instituciones de educación superior) y tampoco la percepción del estudiante por parte otros stakeholders de la educación superior. En este mismo sentido, en muchos casos, se tiene una imagen infantil y cosificadora de los estudiantes y de sus representantes, como remarcó Raúl González en el IV Foro ANECA celebrado en octubre de 2005. Otro aspecto sobre el que recapacitar es el escaso reconocimiento de la experiencia, capacidades y habilidades adquiridas siendo representante estudiantil.

Un estudiante en Bolonia…

El Proceso de Bolonia supone un gran reto: la construcción de un Espacio Europeo de Educación Superior; un reto que, como dije al principio, debe contar con el esfuerzo de todos los agentes implicados de la educación superior. No en vano, esta necesidad ha sido recordada en todas las Declaraciones Ministeriales.

Los problemas surgen, desde mi punto de vista, cuando nos olvidamos de esa necesaria colaboración y uno o varios agentes trabajan en la “implantación” del EEES sin contar con el resto, ahí está la raíz de las principales problemáticas. Esto ha sucedido, por ejemplo, cuando no se ha querido tener en cuenta la opinión de los estudiantes, tanto dentro como fuera de las universidades, en tantos asuntos… El resultado de ello lo estamos viviendo, por suerte o por desgracia, estos días, con miles de estudiantes desinformados sobre el proceso, porque no se ha sabido hacerlos partícipes y que se sintieran corresponsables de los cambios que debemos realizar. Al no considerarlos/considerarnos parte implicada las acciones del resto de agentes se han limitado a “informarlos”, pero desde una actitud completamente paternalista, con el resultado de una actitud de “esto no va conmigo”.

A partir de eso momento han existido dos líneas divergentes en el estudiantado: por un lado los estudiantes que entendían, o que les dieron a entender, que no eran parte del establecimiento y construcción del EEES y, por lo tanto, se desentendieron del proceso; y por el otro lado aquellos estudiantes que reclamaron ese papel de miembro de pleno derecho e intentaron aportar su punto de vista con más o menos éxito. Éstos últimos, entre los que me incluyo, la mayoría habían participado en tareas de representación y por ello partían de una situación privilegiada de acceso a la información, ya que estaban más al día de la situación.

Como veremos un poco más adelante, aquellos aspectos que fueron trabajados o consensuados por todos los agentes implicados, incluidos los estudiantes, no han generado tantos problemas como aquellos en los que no se tuvo en cuenta éste punto de vista.

¿Hacia dónde está Bolonia?

El Proceso Bolonia ha supuesto para el sistema universitario español una oportunidad única para realizar un cambio necesario. Y lo cierto es que la filosofía del cambio estaba muy bien planteada, pero los problemas han surgido cuando se ha tratado de trasladar esa filosofía a la práctica, al día a día de nuestras universidades.

Uno de los grandes problemas con los que debe enfrentarse el Proceso de Bolonia es con todo aquello que NO es Bolonia. Me explico… Se ha aprovechado el proceso para introducir otros cambios, en algunos casos necesarios en otros no tanto, justificándolos como que eran una parte más del establecimiento del Espacio Europeo de Educación Superior. Y lo cierto es que, tanto a nivel nacional como en las propias universidades, se han intentado introducir ciertos cambios “en el nombre de Bolonia” sin ser tales, amparándose de las bondades del proceso. Además, son principalmente estos cambios los que generan más rechazo al Proceso de Bolonia, lo cual es cuanto menos sorprendente.

Algo que creo que resultará muy positivo del proceso, aunque realmente no guarda una vinculación estricta con él, es el Estatuto del Estudiante Universitario que figura en la LOMLOU y que actualmente se encuentra en fase de borrador. Fue un compromiso adquirido por la anterior titular de universidades, Mercedes Cabrera, y en el cual está trabajando actualmente el MICINN junto con representantes de estudiantes de universidades, como la Coordinadora de Representantes de Universidades Públicas (CREUP) -que es miembro de ESU-. En este estatuto se recogen derechos de los estudiantes universitarios que se les otorgaban desde Europa pero que no siempre se materializaban en nuestro país, como participar en la elaboración de las memorias de los nuevos títulos, a tener una representación en los órganos de gobierno de las universidades u obtener reconocimiento académico por participación en estas actividades. A pesar de ello, en el borrador presentado aún no se contemplaban aspectos importantes como la figura del estudiante a tiempo parcial, entre otros. Sin duda alguna, ahora toca hacer una labor de reflexión sobre el borrador presentado y es responsabilidad de todos, pero de manera especial de los representantes estudiantiles, hacer llegar sus propuestas al Ministerio para que las pueda tomar en consideración.

Sin embargo, existen problemas en cuanto a la participación de estudiantes en la elaboración de las memorias de los nuevos títulos de grado y máster. Aunque las recomendaciones son claras respecto a que es necesario contar con estudiantes en dicha elaboración, no todas las universidades lo hacen y en algunas de las que lo hacen el papel del estudiante se reduce exclusivamente a un papel legitimador, enseñándole la propuesta una vez elaborada. Esto se traduce en que la propuesta muchas veces, al no contar con el punto de vista del estudiante, obvia aspectos importantes o establece condiciones o requisitos excesivos e injustos para los estudiantes.

En este sentido juega un papel realmente importante los Sistemas de Garantía de la Calidad, concretamente y de manera previa, el programa VERIFICA de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) al que corresponde elaborar un informe en términos favorables o desfavorables sobre las propuestas que presentan las universidades al Consejo de Universidades para su verificación. Y es que si algo tiene de novedoso el Proceso Bolonia es la consolidación de una cultura de Garantía de la Calidad, vinculada con el compromiso social de las universidades y la rendición de cuentas. El compromiso de ANECA es sólido y ha elaborado programas para colaborar con las universidades en este sentido, como DOCENTIA de apoyo a la evaluación de la actividad docente del profesorado, AUDIT dirigido a los centros universitarios para orientar el diseño de los Sistemas de Garantía Interna de la Calidad. Es necesario mencionar también que desde hace ya más de un año ANECA nombró a estudiantes como miembros de pleno derecho de sus comités de evaluación, siendo valorada esta participación por parte de ANECA como muy positiva. Pero, a pesar de todo, al contrario que en otros aspectos, la participación a nivel nacional está mucho más consolidada que dentro de las propias universidades, donde existe un desencanto generalizado en el estudiantado con la evaluación de la calidad. Como mencionó Françesc Esteve en el IV Foro ANECA “Los estudiantes y las políticas de calidad”, es necesario dotar de mayor transparencia a estos procesos y de una efectividad, ya que una evaluación sin consecuencias no contribuye a una mejora real de la Calidad.

Tampoco podemos perder de vista que la implantación del EEES debe acompañarse de un cambio metodológico hacía el que algunos profesores no tienen una buena disposición para asumirlo. El cambio metodológico no supone una desaparición de la clase magistral, como algunos se empeñan en sostener, sino que aboga por que los estudiantes seamos responsables de nuestra propia formación, students as learners. Pero, del mismo modo, tampoco debe suponer una sobrecarga de los estudiantes, como se han detectado algunas prácticas. Otra mala interpretación muy extendida es la de Evaluación Continua entendida con condición sine qua non la asistencia a clase; la evaluación continua es posible realizarla sin una presencialidad del estudiante y sin saturar de trabajos, aunque algunos profesores universitarios aún no lo entiendan.

El Sistema Europeo de Transferencia de Créditos (ECTS – European Credit Transfer System), además de ser útil para la transferencia y reconocimiento a nivel europeo y facilitar la movilidad, es una gran herramienta que permite establecer una unidad de medida del trabajo real de los estudiantes ya que contempla el esfuerzo que debemos realizar para alcanzar los objetivos propios de cada una de las materias. La cuestión es que los ECTS asignados a cada materia realmente se ajusten al esfuerzo que deba realizar un estudiante, las malas prácticas en este aspecto no serán fácilmente evidenciables, pero los responsables académicos deben salvaguardar este ajuste de su oferta académica.

Un aspecto que se ha dejado de lado en muchas ocasiones es la dimensión social del proceso. A pesar de que en la Declaración Ministerial de Praga, en 2001, los Ministros reafirmaron la necesidad, recordada por los estudiantes, de tener en cuenta la dimensión social en el proceso de Bolonia, es un área muy poco trabajada. Como señalan Francisco Michavila y José Luís Parejo, no debiera entenderse la dimensión social únicamente como dotación de mayor financiación a un sistema de becas y ayudas que en ocasiones parece resultar ineficiente e ineficaz. Sino tratar de poner en marcha un sistema acorde a las nuevas necesidades de estudiantes, universidades y de la sociedad (Martínez, 2007). Tampoco hay que olvidarse de recoger otros elementos, como la figura del estudiante a tiempo parcial, que como dije aún no recoge el borrador del Estatuto del Estudiante.

Aparte de esto aún existen otras líneas de acción olvidadas del Proceso de Bolonia, sobre los cuales sería bueno, al menos, discutir. Ejemplos de ello serían los grados conjuntos “joint degree”,  que son títulos concedidos por más de una universidad, a partir de un programa común de estudios y que promueven la movilidad estos estudiantes entre las universidades participantes. Otra línea de acción sobre la que habría que retomar el debate es la empleabilidad, ya que a pesar de haber sido uno de los principales objetivos que se persiguen con la creación del EEES desde el comienzo, aún existen muchas preocupaciones. Cuando los ministros se reunieron en mayo de 2007 en Londres, identificaron a la empleabilidad como una de las prioridades para el período previo a la próxima conferencia ministerial en abril de 2009. El papel de la educación superior en este contexto es dotar a los estudiantes de las habilidades y los atributos (conocimientos, actitudes y conductas) que se requerirán a los individuos en el lugar de trabajo.

Por otro lado, existen campos de actuación que a pesar de haberse trabajado, por las razones que sean aún no se han desarrollado adecuadamente, como es el caso del Marco Español de Cualificaciones para la Educación Superior, MECES. La Declaración Ministerial de Londres, en 2007, afirma: “Los marcos de cualificaciones son instrumentos fundamentales para lograr la comparabilidad y la transparencia dentro del EEES, así como para facilitar el trasvase de estudiantes dentro, y entre, los sistemas de educación superior. Estos marcos también deberían contribuir a que las instituciones de educación superior desarrollen módulos y programas de estudios basados en los resultados del aprendizaje y en créditos, a que aumenten el reconocimiento de cualificaciones así como todo tipo de aprendizajes anteriores”. Asimismo en dicha declaración los ministros se comprometieron a poner en práctica completamente los marcos nacionales de cualificaciones, acreditados según el modelo del Marco de Cualificaciones del EEES (QF-EHEA). Sin embargo aún continúa siendo una tarea pendiente en nuestro país, en el que hemos comenzado el proceso de adaptación a la Nueva Ordenación de las Enseñanzas sin contar con una herramienta fundamental para dicha adaptación, como es el MECES. También han tardado en exceso las Ordenes Ministeriales que establecen los requisitos para la verificación de los títulos vinculados con profesiones reguladas, sin las cuales resultaba difícil elaborar, y evaluar, las propuestas de los nuevos títulos sin contar aún con el marco al que debían circunscribirse.

Sin concluir,

Nos encontramos en un momento crucial de la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior, en el que el horizonte 2010 está muy cerca y aún tenemos muchas tareas por cumplir.

Las malas praxis del proceso que hemos evidenciado, y otras que no he podido constatar en este artículo, no deben utilizarse en contra del propio proceso. Pero sí existe la necesidad de retomar un verdadero debate con todos los agentes implicados de la Educación Superior, ya que entiendo que es la única forma de lograr un establecimiento y construcción del EEES adecuado.

Corresponsabilizando y haciendo partícipes a todos los stakeholder podremos hacer una evaluación del desarrollo del Proceso de Bolonia, detectar las malas praxis para poder incidir sobre ellas y reconocer las buenas prácticas.

Portada del informe “Bologna At the finish line” de ESU

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