Disertación (II): el proceso de aprendizaje = ¿la vida?

Lo cierto es que últimamente no soy nada constante en lo que se refiere a mi amado blog; mi válvula de escape, mi forma de gritar al mundo todo aquello que siento o que ronda por mi cabeza. Porque como dice la canción de Jarabe de Palo “y si no te escucho, ¡grita!”; pues bien… esta es mi forma de hacerlo. Cada blog, al igual que la persona que está detrás, es un mundo, el mío no persigue ningún objetivo que no sea el mero intercambio de impresiones, ser mi vía para GRITAR a este mundo loco que nos rodea y, si hay suerte, escuchar lo que el mundo responde. Es difícil encontrar el momento adecuado, pero es que nunca hay tiempo, siempre estamos demasiado ocupados; sin embargo nunca viene mal pararse un momento, desahogarse, coger aire y continuar…

Y es que si de algo me he dado cuenta es que  debemos aprender de todo cuanto nos rodea y nos sucede. Nunca debemos dejar de aprender porque entonces nos estancaremos, nos será imposible corregir nuestros errores, no podremos ser mejores… La vida es nuestro proceso de aprendizaje, que termina, por desgracia, cuando más hemos aprendido.

Desde que llegamos a este mundo aprendemos, ¡y menos mal!. Aunque no soy pedagogo, ni creo que lo sean la mayoría de personas que puedan llegar a leer esto, no es difícil caer en la cuenta. El aprendizaje nos va modelando poco a poco, cambia nuestra conducta, nuestros valores, el conocimiento y también nuestras habilidades y destrezas. Al principio somos un libro en blanco, receptivos, esperando a ser escritos; y lo que se escriba al principio va a ser muy importante para nosotros, ya que lo que se escriba más adelante siempre se verá condicionado por aquello que ya estaba.

Las herramientas más evidentes son la instrucción y el estudio, que utilizan desde la familia hasta la sociedad en la que nos encontramos para ayudarnos en nuestro desarrollo. Mientras que la instrucción es algo externo a nosotros mismos, por decirlo de algún modo, el estudio tiene una faceta más individual y personal. El estudio nos permite adquirir conocimientos de una manera eficaz y rápida, puesto que se nos trasmite el conocimiento que muchos otros han generado a lo largo de la historia. La observación es otra gran herramienta, y me atrevería a decir que la creatividad también tiene un papel importante, que nos permite caminar hacia aspectos aún desconocidos. Pero, desde mi punto de vista, la experiencia es quid de la cuestión.

La magia de la experiencia es que nos es imposible evitarla, podemos ignorarla y no aprovecharla, pero si lo hacemos no dejaremos de aprender. Desde las personas que hemos conocido, a nuestros viajes, nuestros logros y fracasos, nuestros sentimientos, todo, en definitiva, nos han influido de una manera u otra en nuestra vida.

No hace mucho tiempo, en las televisiones españolas había una publicidad que decía:

Tú eres todos los kilómetros que has recorrido. Eres cada una de las personas que has conocido. Tú eres los atardeceres que has visto. Todos los lugares en los que has amanecido. Cada sabor y cada olor, cada alto en el camino. Eres cada huída y cada reencuentro. Todos los mares en los que te has bañado. Todos los caminos que has tomado. Cada cerro, cada valle, cada río. Tú eres lo que has visto y lo que has vivido.”

Las diferentes experiencias nos van cambiando, casi siempre sin darnos cuenta, no volvemos a ser los mismos de antes, ya ves la vida con otros ojos. Por mucho que nos empeñemos en querer evitarlo es así, incluso (o mejor dicho, sobre todo) las malas experiencias nos dan grandes lecciones. Lo que hace que según pasa la vida, a medida que acumulamos experiencia, nuestra percepción del mundo cambie. Porque como señala la sabiduría popular más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Yo, como canta Rosana en su último disco, soy todo lo que viví, y el resto de lo que fui lo aprendí con el tiempo. He tenido la gran fortuna de tener una gran familia y, a pesar de que algunos de sus miembros se hayan ido ya, sus enseñanzas me han sido y siguen siendo de utilidad y me permiten ser la persona que ahora soy; cosa que valoro, aprecio y agradezco. También he tenido la oportunidad de poder viajar bastante y por el camino encontrar personas con las que he podido compartir e intercambiar no sólo impresiones y preocupaciones. Compañeros y amigos que sin saber muy bien cómo entran en tu vida y, a pesar de la distancia, sabes que siempre están ahí, de los que puedes aprender mucho y a los que puedes ayudar a aprender también.

Por todo ello me permito el lujo de dar un consejo: en la vida hay que ir siempre con una mente abierta, con ansia de aprender; apreciar todo lo bueno que suceda y no dejar la oportunidad de aprender también de las cosas malas.

An eternal learner.

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