9M; Capítulo 1: “de la conferencia episcopal”

La extralimitación de las funciones de cada uno está ahora de moda y la conferencia episcopal se sube al carro de la pre-campaña electoral. Parece ser que a los obispos españoles les preocupa más la res pública que sus parroquias.

Aunque este es un blog para la reflexión, cosa que ha de hacerse más que nunca ante cualquier tipo de elección, no tenía pensado entrar al trapo de las elecciones del 9 de marzo, pero, viendo como se están poniendo de interesantes las cosas, no puedo desaprovechar la ocasión de hacer crítica constructiva de lo que sucede, aunque sólo sea para que nos paremos a pensar un poco (que nunca viene mal).

Antes de comenzar me gustaría aclarar alguna cosilla. Espero poder poner pronto una “declaración de intenciones” para definir algunas de las normas que intento seguir en mi blog, es decir, lo que llaman en periodismo el libro de estilo de mi blog, pero mientras tanto os adelanto lo que pueda estar relacionado con esta entrada.

  • Me gusta la política, entendida como el arte, doctrina u opinión del ciudadano referente a los asuntos públicos, pero rechazo el partidismo, como sometimiento a las opiniones de un partido con preferencia a los intereses generales. Tengo mis opiniones políticas, algunas de las cuales están en concordancia con las de un partido y otras con las de otros, éste es el motivo fundamental por el que rechazo, por el momento, cualquier tipo de afiliación política. Por ello intento ser siempre lo más apartidista posible, pero siempre defendiendo mis ideas, por lo que algunas personas malpensadas intentan siempre meterme en un saco u otro.
  • También quiero aclarar que soy católico semi-practicante, pero no estoy de acuerdo con unas cuantas cosas de la Iglesia, más aún en esta involución del Concilio Vaticano II que parece que estamos viviendo.

Una vez hechas estas aclaraciones, podemos empezar…

Aunque la actitud de los obispos durante la última legislatura ha sido bastante cuestionable, podríamos “entender” que se mostraran en desacuerdo con ciertas leyes que chocaban con parte de su doctrina (aclaración: la de los obispos, no la católica), podríamos “aceptar” que desde el púlpito rechazaran algunas acciones del gobierno e, incluso, podríamos “dejarlo pasar” ante sus manifestaciones (algunas supuestamente “a favor” de la familia, pero en contra de los derechos de muchos ciudadanos). No estaba en absoluto de acuerdo con esa actitud de los obispos españoles, pero lo dejaba pasar diciéndome que formaban parte del sector más conservador de la Iglesia española, que su avanzada edad les daba una mentalidad un tanto anticuada. Pero la actitud que han tomado de cara a las elecciones generales es absolutamente reprobable, incluso un insulto a la inteligencia de todos los fieles de nuestro país. Nunca me he callado con la actitud de estos señores que se alzan como representantes de los cristianos, cuando sólo representan a la minoría más retrógrada de la Iglesia, pero sus últimas declaraciones públicas son para alzar la voz y hacerse oír lo más posible pidiéndoles que no se extralimiten en sus funciones, y que respeten la inteligencia de los ciudadanos españoles, no entremetiéndose en su derecho a la LIBRE elección del voto.

Las primeras palabras que abren el debate sobre la intromisión de la jerarquía eclesiástica en la política se encuentran precisamente en los Evangelios. Algunos interpretan las palabras de Jesús “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios (Mt. 22, 15-21)” como defensa del laicismo de la vida pública, aunque los Obispos hacen una interpretación totalmente distinta (¿cómo no?).

Por otra parte, parece ser que las ideas de Ockham (s. XIII) sobre la separación Iglesia-Estado no terminan de entenderse 800 años más tarde. Este pensador, que fue acusado de herejía y excomulgado, defendía la separación entre lo espiritual y lo terrenal como herramienta para salvaguardar la espiritualidad de la comunidad. Según este fraile franciscano, el Papa sería sólo un moderador en el terreno espiritual, no teniendo poder terrenal sino estando al servicio de los fieles. Esta concepción laica de la sociedad fue perseguida por los prelados de la época, aunque parece ser que los actuales siguen obcecados en lo mismo. Aquí es cuando me pregunto… ¿historia vitae magistra est? como dijo Cicerón, si la historia es maestra de la vida… yo sé de algunos que se saltaron varias lecciones.

Para terminar, en el artículo 16 de la Constitución española de 1978 se recoge la separación entre la Iglesia y el Estado español.

Por todo ello, ruego a los Ilmos. y Rvdmos. Señores Obispos que se abstengan de hacer cualquier tipo de manifestación o declaración pública sobre el voto que han de decidir los españoles en las elecciones del 9 de marzo, y mucho menos a favor de partidos políticos concretos. Limítense a preocuparse por la espiritualidad de los fieles que tienen a su cargo, que no es poco trabajo.

Ite, Missa est.

Manel Fontdevila, viñeta del diario “Público” (2/2/08)

 

1 opinión en “9M; Capítulo 1: “de la conferencia episcopal””

  1. Llevo tiempo leyendo encantada tus reflexiones, y percibiendo cada dia mas , cuanto buen juicio transmites. Creo, en este caso, que la iglesia tiene la obligación de opinar para, a la luz de los valores que se la presupone, iluminar el camino de sus fieles y alumbrar su entendimiento. Vistas, que no escuchadas, las palabras que nos ofrecen, tengo las mismas dudas que tu sobre su labor, su buen juicio, y sobre a quien prestan fidelidad. Lo más triste es que al final los catolicos seamos juzgados por posturas mas personales que colegiadas, influidas por no sabemos quien, pero desde luego parece que no por el espiritu santo.

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