Quod natura non dat, Salmantica non praestat

No puedo esconder ni disimular mi aprecio y cariño por la institución universitaria, motor indispensable del avance de nuestra sociedad.
En la universidad se producen las dos bases sólidas sobre las que la sociedad va construyendo su futuro: por un lado, lo que es la esencia de la academia, sus estudiantes, los que deberán tomar las riendas de la sociedad; y por otro, la archiconocida I+D+I (Investigación, Desarrollo e Innovación). Gracias a las universidades avanzamos en conocimientos, y a su vez formamos a personas válidas para nuestra comunidad, de las cuales, algunas de ellas, retroalimentarán a la propia universidad pasando a ser ellos los que formarán a futuras generaciones y avanzarán en esa investigación.

Se trata de una simbiosis perfecta entre la sociedad y la universidad. La sociedad aporta recursos necesarios a las universidades, así como también a los futuros alumnos de éstas; la universidad, por su parte, utiliza estos recursos para formar e imprimir el carácter universitario en aquellos estudiantes que la sociedad le ha confiado y, además, para contribuir en la generación de conocimientos.

En este sentido, se asienta la teoría de que la universidad está al servicio de la sociedad en la que se asienta. Sin duda alguna, y como he argumentado, la sociedad obtiene unos beneficios esenciales para su viabilidad futura como productos de la labor de las universidades, mas no podemos subordinar la institución a la sociedad olvidándonos de la independencia de la universidad. A modo de ejemplo, y dentro del marco del EEES en el que se postula que los nuevos estudios deben tener justificación de su existencia, en el caso de los grados justificación externa a la universidad, desde ciertos puntos de vista se podría entender que actuales titulaciones no tienen razón de ser ya que “no prestan” un servicio concreto a la sociedad o que no tiene definidos sus futuros empleadores (véase Filosofía, Música y gran parte de las artes y humanidades). Si caemos en estar mercantilización de la universidad, que el EEES no promueve pero puede dar pié a que se produzca éste error, cercamos al espíritu universitario impidiendo ese desarrollo e innovación en áreas no “útiles”.

En el otro extremo se encuentra la completa independencia de la universidad, en la que es libre hacer todo cuanto guste sin pararse a considerar las necesidades de la sociedad en la que se encuentra.

De acuerdo con los dos últimos párrafos, y en palabras de Aristóteles, “la virtud es un medio entre dos vicios, que pecan, uno por exceso y otro por defecto“. De ahí que se acuñó la idea de la rendición de cuentas por parte de la universidad a la sociedad. Esto quiere decir que, manteniendo la independencia de la universidad, ésta debe rendir cuentas a la sociedad en la que se encuentra y de la que obtiene los recursos necesarios para su funcionamiento. Como puntualización he decir que de éste concepto nace la Garantía de la Calidad siendo una herramienta más de rendición de cuentas, tanto internamente para la propia institución como externamente para la sociedad.

Pero bajo todos estos conceptos y teorías, en la universidad subyace un proceso formativo complejo que es el responsable de convertir al estudiante en un individuo válido para la sociedad. El carácter universitario difiere de otras formaciones, como la FP, en que el egresado posee los máximos conocimientos que existen en su área y además está capacitado para contribuir a la generación de nuevos conocimientos; es decir, no se le forma para que realice procesos simples con unas entradas y unas salidas constantes, si no para que sepa solucionar problemas no previstos y tenga capacidad para innovar y mejorar.

Muchos de los estudiantes que pasan por las aulas de nuestras universidades no captan esta esencia, sino que acuden a sus clases, en las horas estipuladas, y regresan a sus casas sin establecer mayores contactos con la universidad, a la que ven como mera academia en la que obtener un título. Sin embargo, hay otros que sí aprovechan su paso por la universidad y participan en las actividades que la universidad les ofrece, participando en labores de investigación, de gestión, de formación no relacionada con su titulación, etc (lo que en su día fue la esencia de los créditos de libre elección y que ahora se ha desvirtuado).

Sin embargo, la universidad no es una máquina maravillosa transformadora de personas, sino que más bien es una especie de artesano (quizá demiurgo) que da forma y esculpe al estudiante que ha sido puesto en sus manos. Resulta, por tanto, necesario cierta materia prima, o cierta predisposición a ser esculpido. “Quod natura non dat, Salmantica non praestat“, o lo que viene a ser lo mismo, lo que la naturaleza no da, la universidad (Salamanca en aquél entonces) no presta; y aunque, en principio, hace referencia a la inteligencia, este dicho puede ser extrapolado a otras facetas y características.

 

3 opiniones en “Quod natura non dat, Salmantica non praestat”

  1. No puedo mostrarme más de acuerdo en lo que dices. La Universidad es una gran fuente de riqueza para la sociedad y un motor de progreso. Aspecto que muchas veces no es lo suficientemente conocido por los ciudadanos.

    Que además no ha de caer en un estricto carácter mercantilista.

    Ofrece una gran posibilidad de oportunidades de formación a sus alumnos y para aprovecharlas al máximo hay que integrarse y no ver sólo un edificio o un aula con cuatro paredes, al que vas y del que te vas sin más una vez finalizadas la clase. Como tú bien dices, al igual que un buen vicerrector de estudiantes, la Universidad ha de pasar por ti.

    Tu, Fernando, nos consta que eres de los que sabe aprovecharlo al máximo y compartir estas sabias reflexiones con nosotros.

  2. La verdad es que creo que te mereces mil aplausos por los textos que escribis ,estuve inspeccionando algunos que otros y la verdad es que me llegaron. Un saludo blogger. Me gustó mucho tu blog.

    Julia.

  3. La universidad; aunque debe tener un lado practico -requerido por la sociedad- también debe albergar, de forma imprescindible, una faceta pasional, humana y puramente intelectual, ya que; sin desvirtuar las maravillas de la práctica, este tipo de conocimientos son los que hacen avanzar el mundo a largo plazo.

    A mayores está -y no hace falta que lo diga. la experiencia humana que supone el ir a una facultad. Contrariamente al brutal instituto: una jungla salvaje en la que se debe sobrevivir, la universidad supone el verdadero crecer de una persona, su madurez en todos los ámbitos y el desarrollo pleno de sus facultades. Aparte de ser una época memorable para toda persona que se precie

    Ambos aspectos; el educacional y el vital están en trance de desaparición de cara al futuro: todo se reduce a práctica, a una competitividad agresiva y rastrera para hacerse con un título que permita acceder a otro titulo, y este a otro, y a otro más… Para al final atracar en un trabajo lamentable, con un sueldo infame, y vivir como un esclavo toda la vida, mamando cada día lo que nos dictan los medios.

    Por otra parte, la universidad ya no es algo restrictivo: no supone ningún privilegio ni garantía ni orgullo de nada. Cada vez tiende más a ser una simple extensión del instituto, y las personas que valen, en vez de juntarse y formar grupo, se alejan más y más; arrastrados por miles de adolescentes locos y llorosos por un futuro que se les va a escapar de las manos, porque así lo han predispuesto desde las altas e inescrutables esferas

    ¿Consecuencia? No haría falta decirla; lo vemos cada día: un mundo de mediocres, para mediocres, en donde el asno es el rey.

    A mi juicio, ¿Que requiere la universidad?

    Ante todo, volver a ser un lugar nimiamente restringido, alejado de los cansinos tópicos del hijo del obrero etc…Caducos hace tiempo; un centro de personas formadas, responsables; dispuestas a aprender y aportar.

    En segundo lugar, las humanidades deben resurgir de sus cenizas, y pujar fuerte en un mundo demasiado practico; centrado en las destrezas, olvidado de lo demás; que, de seguir a este paso, reducirá a los hombres a pequeñas criaturas entusiasmadas por los cacharros y carentes de todo fondo

    Y en tercer lugar (no por ello menos importante, la vida universitaria debería abandonar su carácter de laberinto kafkiano. Tan solo matricularse en una facultad supone pasearse por una fina cuerda con peligro de caída; sumergirse en un montón de tramites que solo llevan a la confusión (nunca al éxito, raras veces al conocimiento) Todo ello es caos y frustración; ¿por qué no un método manual, sencillo y eficaz? Aunque sea fantasía, ¿por qué no una honesta y llana hoja de papel donde los estudiantes puedan anotar su nombre? ¿Por qué se complica todo de una forma delirante? ¿Será porque con todo este humo axfisiante se logra un objetivo prioritario hoy: impedir que las mentes reflexionen, impedir que alguien se levante contra el jefe espectro de la esclavitud, impedir que esta sociedad se vea destruida desde dentro?

    El poner muchos desvíos hace que el conductor no mire el paisaje. ¿De donde surge el optimismo? Nunca se habló más de libertad y nunca estuvimos tan sometidos.

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